Proclamando tu amor, Alcanzando tu vida.

La buena noticias del día 8 Octubre 2015


Comentarios del teólogo Fabio Espinosa a las lecturas de:

Malaquías 3,13-20a
Salmo 1
Del Santo Evangelio según San Lucas 11,5-13

Bienvenidos hermanos a esta buena noticia!!! Hoy, la liturgia de la Iglesia nos trae unos apartes del libro de Malaquías, un profeta que perteneció también a la época de la reconstrucción entre los años 450 AC. Se desarrolla una discusión entre la arrogancia de un pueblo delante de su Dios; Israel se comporta como un adolescente frente al Señor, el Señor les dice que los ama y este pueblo de una manera tan infantil rechaza este amor, respondiendo como un adolescente con cuestionamientos y contradicciones, queriendo hacer mal a Dios, cuestionando si realmente los ama porqué entonces pasan tantas cosas en sus vidas, nada les satisface y todo para ellos es malo.

También, el profeta Malaquías trabaja con mucho vigor “el día del Señor”, ya algunos otros profetas venían trabajando en esto, pero Malaquías lo hace una manera tan dramática, hablando del día en que el Señor va a intervenir la historia de un hombre, de una nación, intervendrá la tribulación de los justos.

Pero sobre todo en la lectura de hoy hay una aclamación especial: Dios insiste a su pueblo que no hacen sino decir cosas contra Él como: para qué rezar y hacer cosas buenas, si a los malos les va bien, si los malvados mueren de viejos, los que oprimen al pueblo les va bien. Esta es la discusión del pueblo contra Dios, y las preguntas de porqué los pobres siguen viviendo el infierno del salario mínimo, en un constante reclamo contra su Dios, pero papá Dios los anima a que se mantengan fieles en su proyecto salvación,  fieles a los principios de no matar, no robar, honrar padre y madre y sobretodo, tenerlo a Él como absoluto en la vida, porque Él los sostiene.

Nosotros tenemos muchas objeciones frente  a nuestro Dios, porque vemos que a los malvamos les va bien; pero el Señor nos dice, manténganse fieles al proyecto bendición, tengan la certeza de que mi presencia de ustedes no se aleja, yo los sostengo, yo los levanto,  los acompaño.

En el Evangelio de Lucas, Jesús nos enseña algo muy parecido, el texto nos habla de nuestra realidad de  hijos, de la  certeza de que Dios es Padre, es como una extensión del Padre Nuestro, Jesús nos dice “si creemos que Dios nos ama como Padre, entonces debemos acrecentar nuestra confianza en Él”; debemos confiar cada vez más y enraizarnos en esta creencia, eso dice la primera encíclica del papa Benedicto XVI, entonces ¿Por qué si debemos confiar somos tan débiles?

Jesús nos dice con esta parábola, dos cosas:

Que perseveremos en la oración ya que la perseverancia trae una sorpresa adicional. Es igual como cuando uno compra un dulce con sorpresita por dentro, Jesús nos dice si ustedes insisten en la oración perseverante lo que obtendrán es la presencia del Espíritu Santo, será a Dios mismo a quien tendremos si sostenemos una oración y encuentro constante con nuestro Dios. Cuando frecuentamos el encuentro con nuestro Dios, con tanta perseverancia pues lo que tendremos es a Dios mismo, eso es lo que dice Jesús, nos llenaremos de Dios, Jesús quiere que descubramos la necesidad de fondo en nuestra oración: a Dios mismo. La gran necesidad es Dios mismo. La oración no debe ser otra cosa que la apertura del hombre a la presencia de Dios, abrirse en el corazón a la presencia de Dios.

Otro matiz de esta parábola es también esto: es como una invitación a que tengamos una petición sostenida, por una fe descarada, la oración de petición debe estar sostenida por una fe descarada, pero en qué consiste? En creer que aunque el Padre parezca dormido, indiferente a nuestras súplicas, aparentemente en un silencio prolongado, reacio a darnos lo que le pedimos, esta fe descarada quiere asegurarnos de que Él siempre nos escucha y nos atiende, este es el reto de la parábola del Evangelio. Aunque Dios parezca dormido y no reaccione a nuestras necesidades, Él siempre está ahí, tendremos la certeza de que Dios Padre siempre está pendiente de nosotros, aunque todo diga que Él está ausente, me atrevo a pedir porque sé que Papá Dios siempre está cerca de mí, para Él nunca soy indiferente.

Necesitamos una fe más descarada, para desarrollar en mí la certeza de que Él está haciendo porque estoy en su corazón y porque siempre está pendiente de mí.

Alabado sea, Jesucristo!!!

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