Proclamando tu amor, Alcanzando tu vida.

La buena noticias del día 26 Octubre 2015


Comentarios del teólogo Fabio Espinosa a las lecturas de:

Carta de San Pablo a los Romanos 8,12-17
Salmo  67,2.4.6-7ab.20-21
Del Santo Evangelio según San Lucas 13,10-17

Dios nos ha salvado infundiendo en nosotros El Espíritu. Si es verdad que el pecado, inhabita en nosotros, tiene poder y nos domina, hay también en nosotros una fuerza superior que nos inhabita, es la fuerza del Espíritu Santo de Dios. Una fuerza que nos libera, nos recrea la mente y los sentimientos, una fuerza que “endereza lo que esta torcido”, que todo lo hace nuevo.

Pero de las muchas obras que hace el Espíritu dos son las más trascendentales:

  1. El Espíritu Santo derrama el amor de Dios sobre nosotros. Eso produce en nosotros una inteligencia llena del amor, la ternura, la compasión y la fidelidad de Dios. Un corazón lleno del amor ardiente de Jesús.
  2. Por el Espíritu somos capaces de pronunciar la Palabra más liberadora, más sanadora, que todo lo inspira, ¡ABBÁ! ¡Papito Dios, papá Dios!!. Solo por el Espíritu podemos pronunciar esta palabra que vuelve la vida totalmente otra…lo que ocurre en la mente y en la conciencia de una persona guiada por el Espíritu es la más grande y maravillosa obra: una persona en su total humanidad: hijo y hermano.
  3. Todos estamos invitados a vivir esta maravillosa experiencia la de La Vida en El Espíritu.

Lucas 13,10-17

El relato de este milagro es algo escalofriante.

Narra la vida de una mujer que vive en si los efectos del pecado y del mal que nos habita: encorvada, doblegada, sumida en el dolor, la angustia y el sufrimiento. Dieciocho años: dice san Gregorio todo su pasado, presente y futuro (los tres momentos de su vida en 6 (mala calificación). Toda una vida fracasada.

Un “espíritu inmundo” la encerró en sí misma y le dio una condición de animal, siempre con la cabeza agachada, el encorvamiento es sentido de animalidad: centrarse en su supervivencia por encima de todo, no puede levantar la cabeza y mirar al horizonte.

Pero llego Jesús y solo hizo una cosa hacerle tomar conciencia de algo: estas salvada, “estas libre de tu enfermedad”. Jesús viene solo a comprobar lo que ya está hecho por el Espíritu. La liberación, un ser humano que se experimenta hijo y hermano (verdadera condición de humanidad). Con su mirada altiva a la altura del rostro de Jesús, capaz de ver el rostro del otro.

¡Alabado sea Jesucristo!

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