Proclamando tu amor, Alcanzando tu vida.

La buena noticia del día 27 de noviembre 2015


Comentarios del teólogo Fabio Espinosa a las lecturas de:

Del libro del profeta Daniel 7; 2-14
Salmo del libro del profeta Daniel 3; 75-81
Del santo Evangelio según San Lucas 21; 29-33

Bienvenidos hermanos a esta Buena Noticia, hoy es viernes de la última semana del tiempo ordinario, hemos terminado este año litúrgico, comenzaremos el ciclo C donde el Papa Francisco quiere que celebremos el Evangelio de la misericordia, Lucas.

Hoy leemos del libro de Daniel, el capitulo 7, este, tiene muchas imágenes donde disfrutamos todas sus figuras que además de ser muy vibrantes tienen un sentido profundo de la historia, el resumen de la profecía de todos los profetas, con unos símbolos muy importantes:

El mar: de donde surgen todas las bestias, el signo del caos, simboliza el conjunto de todas las fuerzas que se oponen a Dios, desde el mar surgen 4 bestias, la totalidad del maligno, todos los imperios ateos e inhumanos que no tienen respeto por la dignidad del hombre, sus derechos y Su libertad, no tienen respeto por el ser humano, quiere destruir en sí al ser humano. En medio del caos que surge del mar se asienta el trono de Dios.

El trono de Papá Dios: su trono es que el mal no vencerá, no sé por qué todavía andan hermanos como engañados y asustados, por el juicio de Dios sabiendo que ya fue, este es el juicio: el mal no vencerá, esta es la última y definitiva Palabra de nuestro Dios.

Entonces hace que surja de ÉL como “un hijo de hombre”, entregándolo a todos los pueblos y naciones. Ya no hay más juicios de Dios, entiendo que debemos hacer unas rupturas con unas enseñanzas ajenas a esta Palabra, pero dejémonos reeducar por Ella. Dios ha hecho su juicio: Dios entregó todo el poder a “un hijo de hombre”, le entregó todo poder y autoridad sobre nuestras vidas y nuestras historias, el mal no vencerá, este “hijo de hombre” es Jesús que vence el mal, especialmente el mal que está en mí. En mis relaciones cotidianas yo quiero dominar, doblegar, someter a la fuerza, manipular, me parezco al mar, pero está la fuerza de Jesucristo que lo puede todo, que lo quebranta todo y lo transforma todo, este es el juicio de Dios, en Jesús está determinado nuestro juicio. Y esto no pasa, tenemos a Jesús y con Él tenemos la posibilidad del Reino, del servicio, de la entrega, del respeto por el ser humano, de ponerlo por encima de todo, el juicio de Dios es que este reino ya se estableció porque Jesús ya llegó, entonces ya la historia no tiene reversa, el fin es el reinado de Jesús en nuestra vida, que lo reflejemos en nuestra cotidianidad, que en nuestras relaciones, que nos comportemos como hijos y como hermanos.

Jesús en el Evangelio nos da un signo, el de la higuera, que años tras año con verla madura ya saben lo que sucederá, vendrá el verano. Así mismo Jesús nos dice: ustedes ven noticias todos los días, ya saben que el mal quiere acabar con todo, ya son conscientes de eso, entonces qué se debe hacer? Pues cambiar, cambiarnos a las opciones de Jesús y el Padre, urge construir el reino, urge optar por Jesús, llegó el momento de optar por Jesús, llegó la hora de adherirnos a Jesús, de pegar nuestra vida a la de Jesús. Deben ser asumidos por nosotros los principios de Jesús en  nuestra manera de ser y relacionarnos con las cosas, con el otro y con nosotros mismos, llegó la hora, eso lo dice la cotidianidad de la vida, porqué pasas por encima de todos esos signos  tan cotidianos que agritos nos piden que es el tiempo del señorío de Jesús en tu vida, que reine para siempre.

Esto es lo que nos dice el Evangelio y el apocalipsis de Daniel, es maravilloso, nos llena de alegría, por eso con el salmo entonamos el  cántico de Daniel, un cántico donde nos unimos a todas las creaturas de Dios, a los hombres, a la comunidades de la iglesia, a nuestra comunidad Tierra Nueva, a nuestras koinonías, nos unimos a la alabanza de todos en una sola voz cantando: “bendigamos a nuestro Dios, ensalcémoslo por los siglos de los siglos”.

Construyamos una vida que diga esto, bendito sea el Señor, lo ensalzo por los siglos de los siglos con todo aquello que me hace reflejar la voluntad del Padre.

Alabado sea, Jesucristo!!!

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