Proclamando tu amor, Alcanzando tu vida.

LA BUENA NOTICIA DEL DÍA – Viernes 29 de enero de la tercera semana del tiempo ordinario


 

Comentarios del teólogo Fabio Espinosa a las lecturas de:

Lectura del segundo libro de Samuel
Salmo 50
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 4, 26-34 

Bienvenidos hermanos a la buena noticia de hoy, viernes 29 de Enero de 2016. Hoy la liturgia nos trae un suceso especial, parte de la historia del rey David. La Palabra nos había presentado unos aspectos de la persona del rey David muy distintos, un hombre bastante fuerte en su fe, con gran calidad en su oración, un hombre de alabanza, adoración y entrega en su vida al Señor, pero hoy nos presenta la Palabra algo totalmente diferente, un hombre envuelto en el mal, convertido en una persona injusta, hipócrita y hasta asesino, es terrible el texto que hemos escuchado, cómo pueden surgir, desde un mismo ser,  tantas cosas para el bien y para el mal, la pregunta que nos hacemos es ¿Qué vamos a hacer? David es una figura de la humanidad y del pueblo de Dios, de nuestro ser mismo, no somos ángeles, no nos caímos del cielo, tampoco la Iglesia está compuesta por ángeles, las comunidades tampoco lo están, somos seres humanos, con posibilidades para el bien pero también para el mal, eso nos horroriza, sí, ciertamente horroriza cómo un hombre como David puede llegar a hacer esto que hoy nos dice el texto, cometer semejantes injusticias. Me llama la atención la comparación que se hace de Urías y David, Urías un hombre de principios, sabía cuáles eran las leyes y las cumplía, un hombre en guerra no podía tener relaciones sexuales con su esposa, por eso Urías por respeto a su pueblo, sus costumbres y su ley, se queda en la puerta, afuera, pero en cambio David, el rey, hace otra cosa totalmente diferente. Entonces uno piensa a qué nos aferramos o a qué nos agarramos si el que creemos que tiene el Espíritu, el ungido que ha recibido tanto de Dios, obra como obra?

Pero la actitud de David se conecta con el Salmo responsorial, lo de David no quedó ahí, continúa con el relato de este salmo 50 que nos acompañará en los viernes de cuaresma, él se sigue abriendo a la acción de Dios, a la misericordia de Dios, reconoce su situación y sabe que lo único que puede hacer es abrirse a la acción de Dios para que actúe en su vida.

En el Evangelio de Marcos se nos narra una parábola que sólo tiene este evangelista, una parábola que HABLA DE Jesús, Él ha comenzado a anunciar la presencia de Dios en nuestra vida, la necesidad de que el bien se imponga sobre el hombre mismo, pero esta acción acompañada de la fuerza y del poder del Espíritu a dónde lo está llevando? Claramente Él sabe que lo está llevando a la cruz, al fracaso, entonces Él se pregunta qué puede hacer de más, debí obrar de otra forma, acaso lo que he emprendido no lo he hecho bien? Debiera hacer algo más?  Y así como a Jesús, nos pasa a nosotros, hacemos obras, abrimos el corazón, tratamos de ser buenos, pero por mucho que hagamos, las cosas no se dan, entonces nos preguntamos lo mismo que Jesús, ¿entonces qué debo hacer? Pero hermano, no se preocupe, no es problema de eficiencia, el resultado no depende de la eficiencia de nuestras acciones, nos dice Jesús, entendamos que es precisamente así como surge el reino de Dios entre nosotros, es como una semilla que viene el sembrador a sembrarla, compra la mejor, hace los surcos, abona y pone interés en la tierra, ya el agricultor hizo lo que podía, ya a quién le corresponde seguir? A la semilla misma que tiene su poder internamente; empieza a crecer, surgen ramas, comienza a dar flores y frutos, la semilla misma tiene su potencia. Jesús dice así es el reino de Dios entre nosotros, tenemos que hacer nosotros lo posible pero ya no depende de nuestra eficiencia porque la acción de Dios en la vida y la historia de la humanidad depende de Dios mismo, el reino de Dios es obra de sus manos, no es una obra humana, así nos parezca muy difícil de entender que no depende de nosotros. Esta parábola es un llamado total a la confianza en el Señor, nos preocupamos por hacer cosas súper eficientes, eso está bien, San Ignacio nos decía “haz todo como si dependieran de ti y deja las cosas como si dependieran de Dios”, pero tenemos que confiar de una manera tal como si las cosas dependieran de Dios, nos preocupamos exageradamente en las cosas que hacemos, no dormimos, le entregamos la tranquilidad a un problema, nos preocupamos exagerado, rabiamos, cambia nuestro carácter, tratamos mal a los otros y no entendemos que hay que dejar actuar a Dios en la vida, todo tiene tantas explicaciones, haces lo posible por criar a un muchacho, darle una vida de dignidad, pero no todo depende de ti, deja que Dios actúe, Dios está haciendo en tu vida, igual que cuando yo vengo y les predico y les presento el Evangelio, trato de hacerlo bien, pudiera hacerlo mejor, hablar mejor, preparar mejor todo, pero al final el que hace la obra es el Señor, parece inútil que hagamos esfuerzos porque en el trabajo las cosas salgan bien pero a veces no funcionan así, recuerda que Dios actúa y el resultado final de la vida no depende ti, depende de Dios.

Por eso tiene sentido trabajar, tiene sentido hacer las cosas bien porque detrás de eso Dios está haciendo su obra maravillosa, sí vale la pena luchar por nuestra comunidad, luchar por la Iglesia, pues al fin y al cabo todo depende de Dios que es quien está actuando, esto me parece maravilloso, sigamos esforzándonos, sigamos trabajando, porque el resultado final depende de nuestro Dios, Él nos ama y está a favor nuestro. 

Oremos: Hay un salmo que pregunta de qué vale tanto fatigarnos y esforzarnos si Dios nos da gratis lo que necesitamos para vivir, dile al Señor que pones en sus manos eso por lo que tú has luchado tanto, algo puede ser la familia, el trabajo, un proyecto, el carácter mismo de la vida, usted le ha puesto mucho a eso y no ha visto los resultados suficientes, hoy llegó la hora de confiar, dile al Señor que llegó la hora de comprender que Él saca tu vida adelante, Él la empuja, llegó la hora de entender que yo no soy el centro de mi propia vida sino que eres tú Señor, me llegó la hora hoy de confiar, por eso Señor yo he querido tanto este proyecto, esta situación pero ahora comprendo que debo confiar en ti, abandonarme en ti, lo hago, abandono en ti esto en lo que me he esforzado tanto, te lo entrego, está en tus manos, lo he tratado de hacer de la mejor manera pero lo pongo en tus manos, ya hice lo que tenía por hacer pero lo dejo en tus manos, no quiero perder mis motivaciones y desanimarme porque tú sostienes mi vida, yo lo quiero creer hoy, por eso esta situación te la entrego a ti, muestra en ella tu poder, tu fuerza, tu grandeza, yo te alabaré por siempre y te daré gracias, hoy decido confiar en ti y creer que tú actúas en mi favor.

Alabado sea, Jesucristo!!!

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