Proclamando tu amor, Alcanzando tu vida.

La Buena Noticia del Día – Lunes 29 de febrero de 2016


La Buena Noticia del día ha abierto su propio blog, puedes seguirlos en http://labuenanoticiadeldia.wordpress.com

Comentarios del teólogo Fabio Espinosa a las lecturas de:

II Reyes 5, 1-15
Salmo 41 y 42
Del santo Evangelio según san Lucas 4, 24-30

Bienvenidos hermanos a esta buena noticia, hoy lunes 29 de febrero, de la tercera semana de cuaresma cuando ya sólo quedan 21 días para la celebración de la Pascua. Nos trae la lectura 2 episodios que nos hablan de una conversión muy especial. La conversión a Jesucristo que es la Palabra definitiva de Dios revelada a nosotros.

Hemos escuchado este texto del segundo libro de los Reyes, pero ¿Qué podemos decir? bueno, ya lo conocemos, es un texto bastante particular. Los profetas ya habían predicado algo: la Palabra de Dios es una fuerza transformadora, liberadora, tiene un poder especial para sanar, en ella se despliega la gracia y la bendición de Dios, se hacen visibles y eficientes hoy en cualquier momento, los signos de la salvación de Dios. Los profetas eran los hombres de la Palabra, son los hombres de la historia de la Palabra, pero ellos no eran tan ingenuos, decían que había una segunda característica en ella, era ignorada, no había que hacer grandes constataciones para entender y ver que el pueblo ignoraba la Palabra de Dios.

Se presenta un hombre extranjero, Naamán, rico, con hermosos caballos y carrosas, pero tiene una enfermedad, la lepra, que los excluye probablemente de su pueblo, en Siria, pero escucha hablar de un Dios cuya Palabra es una fuerza transformadora y fuente de salud, el Dios del pueblo de Israel, se presenta delante del rey de aquel pueblo, quien no entiende lo que quiere hacer su Dios en esta historia, se enoja por los presentes de Naamán porque cree que él lo está considerando como Dios, pero llega el profeta y le dice envíamelo a mí, que con la Palabra de Dios bastará para entender la grandeza de nuestro Dios. El profeta le pone una condición muy pequeña, lo envía a bañarse en las aguas del Jordán para sanarse, pero Naamán con su pretensión le parece indigno ir allá a bañarse, pero los sirvientes que sí saben lo que es la humildad, entienden lo sencillo, ellos que no son tan hinchados, hacen caer en la cuenta a su amo que no es nada obedecer a la Palabra del Señor, así Naamán recibió la sanación, reconoció con esto que no hay Dios más grande en el cielo y en la tierra.

 

El Evangelio se nos da una invitación a la conversión con la Palabra de Dios, leemos parte de la perícopa del proyecto y programa salvador de Jesús en Lucas, convertirnos a la Palabra definitiva de Dios en la historia que es la persona de Jesús misma. Se presentan  dos grupos, está Jesús, su persona, y están los otros que no son siquiera los escribas y fariseos, sino los parientes, está Jesús lleno del Espíritu Santo y están los otros llenos de ira y de furia, de rabia y rencor, tan indignados. Está Jesús que se ofrece como don salvífico, como regalo, donándose, dándose, pero por otro lado están los otros como el Sirio de la primera lectura, endurecidos, petulantes, diciendo no necesitamos nada, no deseamos nada. Completamente distinto a lo que clamaba el salmo: mi alma tiene sed del Dios vivo.

Los que conocen a Jesús, los parientes, endurecen el corazón,  Jesús nos ofrece como un regalo, su perdón,  su vida, su ser entero, pero nosotros  lo rechazamos de la vida y lo expulsamos. Dios nos ofrece su Palabra que es salvación para los otros, pero sólo la reciben los que tienen necesidad, porqué recibe Naamán la Palabra, porque tenía la necesidad de ser salvado, sanado, por qué nosotros no recibimos entonces la Palabra, pues porque consideramos que no la necesitamos, no necesitamos ser salvados, sanados. ni liberados.

Aquellos que rechazaron a Jesús fueron sus parientes, sus cercanos, es triste que seamos los suyos los que rechazamos a Jesús, estos días escuché un programa que defendía nuestra religiosidad popular, pero es triste y tengo que hacer la denuncia por este medio, hemos querido construir una religiosidad sin Jesús y sin Palabra de Dios, apuesto que cuando un cristiano va a la Eucaristía simplemente ya no recuerda de qué se trató, porque la ignoramos, no la recibimos como la deberíamos recibir, no es para nosotros un don que salva la vida, para transformarnos. La invitación de la Iglesia hoy es a que nosotros nos convirtamos a la Palabra de Dios, la recibamos, le abramos  el corazón, no endurezcamos más el corazón frente a la Palabra, así como en el salmo le digas al Señor, mi alma tiene sed de ti, mi alma te necesita Jesús, para poder recibir con eficacia tu bendición y tu salvación.

Alabado sea Jesucristo.

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