Proclamando tu amor, Alcanzando tu vida.

Día 21


MARTES TERCERA SEMANA (DÍA 21)

Hoy es el día número 21 de tu caminar por el desierto cuaresmal, ¡Ya se acerca la Pascua… ¡late nuestro corazón!

Hoy seré tolerante y aceptaré con amor, eso que no me gusta de los demás.

Oremos  Tu gracia, Señor, nos socorra siempre, nos haga vivir entregados a tu servicio y nos sirva de ayuda constante. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Amén.

Una vida con propósito, Resumen del capítulo 21.

Cuida tu iglesia (Romanos 14:19)

Te toca a ti proteger la unidad de tu iglesia.

La unidad es la esencia, el núcleo de cómo Dios quiere que experimentemos juntos la vida en su iglesia. Nuestro modelo supremo para la unidad es la Trinidad. Padre, Hijo y Espíritu Santo están completamente unificados como uno.

¿Cómo conservamos la unidad?

  • Enfoquémonos en lo que tenemos en común, no en las diferencias: Como creyentes compartimos un Señor, un cuerpo, un propósito, un Padre, un Espíritu, una esperanza, una fe, un bautismo y un amor. Compartimos la misma salvación, la misma vida y el mismo futuro: factores mucho más relevantes que cualquier diferencia. Debemos recordar que fue Dios quien nos escogió para darnos personalidades, trasfondos, razas y preferencias diferentes, de modo que podamos valorar y disfrutar esas diferencias, no meramente tolerarlas. Dios quiere unidad, no uniformidad.
  • Sé realista con respecto a tus expectativas: En cuanto descubrimos cómo quiere Dios que sea la verdadera comunión, es fácil desanimarnos por la diferencia entre lo ideal y la realidad en nuestra iglesia. Sin embargo, debemos amar a la iglesia con pasión pese a sus imperfecciones. Si te divorcias de tu iglesia a la primera señal de decepción, eso es señal de inmadurez. Dios tiene cosas que quiere enseñarnos a través de esas dificultades. Además, es imposible huir hasta encontrar la iglesia perfecta, porque no existe. Todas las iglesias están compuestas por pecadores como tu y como yo, por eso en lugar de abandonar la iglesia necesitamos quedarnos en ella. La reconciliación es el camino a una comunidad más fuerte y a una comunión más profunda.
  • Decídete a animar más que a criticar: Cuando criticas lo que otro creyente está haciendo con fe y convicción sincera, interfieres en los asuntos de Dios. Cuando juzgo a otro creyente, pasan cuatro cosas al instante
    • Pierdo mi comunión con Dios
    • Saco a relucir mi propio orgullo e inseguridad
    • Me coloco bajo el juicio de Dios
    • Daño la comunión de la iglesia

Un espíritu de censura es un vicio costoso. Recuerda que los otros cristianos, no importa cuánto discrepes de ellos, no son el verdadero enemigo.

  • Niégate a escuchar chismes: Cuando alguien empiece a contarte un chisme, ten el valor de decirle: “Hágame el favor de parar. No necesito saber eso. ¿Ha hablado usted directamente con esa persona?”. La manera más rápida de terminar con un conflicto en una iglesia o en un grupo pequeño es enfrentar a los que están difundiendo rumores, e insistir en que no lo hagan más.
  • Practica el método de Dios para solucionar conflictos: “Si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano. Pero si no, lleva contigo a uno o dos más, para que “todo asunto se resuelva mediante el testimonio de dos o tres testigos”. Si se niega a hacerles caso a ellos, díselo a la iglesia, y si hasta la iglesia desoye, sea para ti como el gentil y el publicano” (Mateo 18:15-17).
  • Apoya a los líderes de tu iglesia: Protegemos la comunión cuando honramos a los que nos sirven por medio del liderazgo. Los pastores y los ancianos necesitan nuestras oraciones, estímulo, aprecio y amor. Dios pedirá cuentas a ellos sobre cómo nos pastorearon y a nosotros sobre cómo les seguimos. La Biblia indica muchas resposabilidades para los líderes; Ellos deben evitar las discusiones, enseñar con delicadez a los que se oponen mientras oran para que cambien, advertir a los contenciosos, rogar porque haya armonía y unidad, reprender a los que son irrespetuosos con los líderes, y destituir a los que causan divisiones en la iglesia si hacen caso omiso de dos amonestaciones.

Te desafío a aceptar tu responsabilidad de proteger y promover la unidad de tu iglesia. Pon todo tu esfuerzo para lograrlo, y así agradarás a Dios. No siempre será fácil. A veces tendrás que hacer lo que es mejor para el cuerpo, no para ti mismo, dando muestras de tu preferencia por otros. Por eso Dios nos ha puesto en la familia de una iglesia: para aprender a no ser egoístas.

PREGUNTA DEL DÍA: ¿Qué estoy haciendo particularmente para proteger la unidad de la familia de mi iglesia?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s